Ya que estamos en esto: #NiUnaMenos empieza en casa Ya que estamos en esto: #NiUnaMenos empieza en casa
27/07/2016

Desde que somos pequeñas nos enseñan a pensar en las mujeres como seres humanos frágiles que requieren ser “cuidadas y protegidas”, una suerte de princesas indefensas que necesitan de un príncipe azul que las rescate.

En casa de mis padres no fue diferente. Éramos cuatro hermanas criadas con mucho amor, pero bajo ciertos parámetros conservadores de una familia religiosa. Debo decir que, en mi caso particular, era mi madre la más pegada al rol tradicional que la sociedad peruana le suele imponer a las mujeres dentro del hogar y fuera de él. Mi padre fue diferente, él solía decirnos que debíamos ser fuertes y no dejar, jamás, que nadie nos agreda. “Si yo que soy tu padre jamás te puse la mano no dejes que ningún lo haga”, y agregaba: “me cuentas y yo le saco la m…..”, creo ahora que lo correcto hubiera sido que me diga: “aprende a defenderte pero, sí sola no puedes, pide ayuda”.

Mi mami nos decía teníamos que aprender “los quehaceres del hogar” para atender a nuestros esposos cuando nos llegue el momento. Mi padre por el contrario me pedía aprender para no depender de nadie y atenderme sola. Mi madre, decía que las mujeres luego de formar una familia estaban destinadas a “sacrificar todo por sus hijos”. Mi padre, a diferencia, solía decirme que estudie mucho y sea una buena profesional para poder mandar “al carajo” a cualquier idiota que se pase de la raya aunque sea mi marido o el padre de mis hijos.

Y no es que mi padre haya sido el ejemplo de esposo y padre que cualquiera pensaría, tuvo sus errores y excesos pero no recuerdo en toda mi niñez haberlo escuchado siquiera levantarle la voz a mi madre y menos aún la mano. Ya adultas, nos contaron que sí tenían discusiones como toda pareja pero nunca las ventilaron frente a nosotras, por lo menos mientras fuimos niñas.

Ahora, no pretendo ser injusta con mi madre. Ella es una persona tierna, amorosa y extremadamente sensible, pero muchas veces he pensado que olvidó ser mujer por entregarse por completo a su labor de madre y esposa. Y es que ese era el camino que Dios había trazado para las mujeres, según le enseñaron. Con el tiempo sus ideas fueron cambiando y abrió su mente, mantiene sus creencias pero la vida le enseñó que no todo es blanco o negro sino que está llena de maravillosos matices.

La educación es vital para criar mujeres fuertes y seguras de sí mismas. Mujeres que se salven solas y que no busquen la aceptación de otros sino la suya. Mujeres que aprendan que la soledad es parte de la vida y que el matrimonio o la maternidad son formas de vida que no necesariamente calzan con todas.

Y a los hombres, enseñarles a respetarlas NO por el simple hecho de ser mujeres sino porque son seres humanos con igualdad de obligaciones y derechos. Que contribuyen y aportan.

Y todo eso enseña con el ejemplo en casa y se refuerza en la escuela. Fomentar el machismo, el que aceptamos con normalidad, es el primer paso a la misoginia y el sendero previo al feminicidio. ¿Les parece que exagero? Pues no, empecemos que violencia no solo son los golpes que pueden llegar a matar, sino que hay heridas causadas por los insultos, el maltrato y la humillación que asesinan el alma. No dejemos que eso les pase a las mujeres que queremos, educar es prevenir. Y si pueden asistan en familia a la marcha de #NiUnaMenos este 13 de agosto a las 15:00.