Prevención también es… no formar  “patanes cultos” Prevención también es… no formar “patanes cultos”
25/08/2016

Hace unos días viajé a Chiclayo y entre mis compañeros de vuelo figuraba un nutrido grupo de estudiantes de uno de los colegios más importantes de Arequipa, de esas escuelas que te garantizan salir de las aulas hablando un perfecto inglés y que ofrece a sus estudiantes la posibilidad de acceder a prestigiosas universidades del extranjero para continuar su educación de calidad. Un privilegio sin duda.

Los vi a todos muy bien uniformados, impecables igual que sus maestros, quienes los acompañaban a un viaje de estudios por el norte del país. ¡Qué suerte! Pensé, que afortunados estos chicos de poder aprender de historia fuera de las aulas, viviendo la experiencia. Me deleite pensando en las enormes posibilidades que estos jóvenes -de entre 15 y 16 años- tendrían en su vida futura, algo que la educación de calidad puede ofrecer.

Pero mi desencanto vino casi enseguida. Cuando llegó el transporte que nos conduciría desde el terminal hasta el avión, los escolares subieron de manera apresurada para ocupar algunos de los pocos asientos que había en el bus. “Bueno, son chicos” me dije, algo atolondrados y emocionados por el viaje seguramente. Pero…cuando ya todos estábamos subidos en el vehículo, apareció una joven madre con un niño pequeño a quien sujetaba con un brazo y con el otro, a duras penas, a un bebé de unos meses de nacido. Además de cargar consigo bolsos y un maletín.

El niño tenía dificultades para subir y la mamá intentaba –jalándolo del brazo- impulsarlo para dentro del transporte. Dos de los estudiantes, hombre y mujer- sentados junto a la puerta miraban la escena imperturbables, ninguno era capaz de extenderle una mano al niño o a la madre. Esperé unos segundos para ver si reaccionaban, pero nada y yo –que estaba al otro extremo- fui hasta la puerta, cargue al pequeño y le extendí la mano a la mujer.

Ya arriba, los dos chicos muy sentados y acomodados se miraban entre sí como diciendo: ¿te paras tú o me paro yo? Pero ninguno atinó a nada. Puse cara de pocos amigos y les dije con tono enérgico: ¿alguno de ustedes se puede parar para que se siente la señora? El muchacho hizo una mueca y de mala gana se paró sin decir media palabra mientras el resto de sus compañeros soltaban risas socarronas.

Honestamente me fastidió mucho la situación. A veces, equivocadamente o por prejuicio, solemos atribuir estas actitudes a personas que no tuvieron oportunidad de acceder a un buen colegio y por ende a una buena educación. Pero vamos…estos chicos provenían de un nivel social medio alto y de una escuela con prestigio. ¿Cómo explicar entonces tales comportamientos?

Sin ser especialista creo, por simple sentido común, que no solo se trata de impartir conocimiento y contar con las mejores herramientas que la tecnología y la modernidad ofrecen. Si no enseñamos sobre valores, respeto y solidaridad poco hacemos por nuestros niños y jóvenes. Hay una responsabilidad en casa, sin duda, pero los maestros son pieza fundamental para prevenir que en el futuro sigamos teniendo una sociedad llena de “patanes cultos”.