De vida o muerte De vida o muerte
30/09/2016

Conversaba con el editor de Yo Me Cuido sobre qué escribir que destaque la importancia de la prevención en nuestras vidas. Después de pensar en varias ideas me quedé con una: primeros auxilios. Y es que, ¿podría haber algo más vital que tener un mínimo de conocimientos que nos permita salvar una vida? Así de importante es el tema.

Lo cierto es que yo no tengo ni idea sobre primeros auxilios. Recuerdo vagamente algunas nociones elementales de primeros auxilios que recibí en la escuela pero en charlas teóricas, ¿quién podría aprender así? A lo largo de mi vida adulta pensé en varias ocasiones en lo importante que sería aprender pero todo no pasó de buenas intenciones. Después lo haré, me he dicho en más de una ocasión.

Decidí entonces preguntarle a mi entorno más cercano. La respuesta fue la misma, nadie tenía una idea exacta de qué hacer en caso de una emergencia y aunque muchos reconocieron haber recibido algún conocimiento básico no recordaban nada de lo que supuestamente aprendieron. Lleve la interrogante entonces a mi cuenta de Facebook y para mi sorpresa recibí más comentarios de los que esperaba.

Varios confesaron no saber ni haberse interesado seriamente en aprender pese a tener conciencia, dijeron ellos, de la importancia del asunto. Algunos dijeron que fueron capacitados en sus trabajos pero reconocieron que de no haber sido así probablemente no hubieran buscado entrenarse por cuenta propia. Otro grupo –y esto fue una grata sorpresa- contó que sí tenía amplios conocimientos en primeros auxilios pero es que eran boy scouts, bomberos o socorristas y, obviamente, esa no es la mayoría. Muy pocos fueron los que respondieron que aprendieron en la escuela, menos aún en sus hogares.

Dos amigas con hijos me contaron hechos heroicos. Leonor tenía terror de no poder ayudar a su pequeña ante una emergencia y por eso aprendió. Gracias a ello pudo salvar a su hija de un ahogamiento después de meterse una canica en la nariz. Lo mismo sucedió con Malena, antes de ser madre intentó recibir un curso de primeros auxilios pero su miedo a la sangre y las agujas la hicieron huir despavorida. Todo cambió cuando sus hijos llegaron a su vida, “desde que tuve hijos asumí que por ellos haría lo que fuere. Y así lo hice cuando mi hija se atoró con una pepa de aceituna y cuando mi hijo se partió la cabeza con un vidrió” me dijo. “Reconocí una serenidad que me hizo medir tiempos límites y reacciones inmediatas en calma pese a la sangre en el caso de mi hijo y la desesperación de mi familia por mi hija” agregó.

La conclusión en simple. Un torniquete, poner una inyección, medir la presión, los masajes cardíacos, la respiración artificial o saber la maniobra de Heimlich en caso de atragantamiento pueden hacer la diferencia entre la vida o la muerte. Leonor y Malena les salvaron la vida a sus hijos, y es que en casos extremos el tiempo entre llegar a un hospital o esperar a los bomberos sin saber qué hacer puede ser fatal.

Sin duda, la aplicación adecuada de los primeros auxilios debería ser parte fundamental del aprendizaje en las escuelas y los hogares. Pero como no lo es, en la mayoría de los casos, toca tomar la iniciativa y asumirlo con seriedad porque la vida de nuestros hijos, padres, hermanos, amigos o cualquiera que requiera de nuestra ayuda, incluso nosotros mismos, está en juego.

Toma nota de los números de emergencia, pero mejor memorízalos; aprende qué debes incluir en una mochila de emergencia, pero mejor prepárala, infórmate de las maniobras básicas para salvar una vida, pero mejor practícalas. Porque, sin lugar a dudas, prevenir es mejor.