Cómo lidiar con un hijo adolescente y no perder la paciencia en el intento Cómo lidiar con un hijo adolescente y no perder la paciencia en el intento Cómo lidiar con un hijo adolescente y no perder la paciencia en el intento

Para crecer juntos sin vivir una segunda adolescencia

La adolescencia es una etapa de la vida que pasa una factura emocional intensa para ellos mismos, pero también para sus padres. Como señala la psicoterapeuta Lisa Damour en un post para el New York Times, el efecto que tiene en nosotros el comportamiento errático de nuestros hijos, con sus subibajas emocionales y vertiginosos cambios de ánimo es similar al de recibir su 'basura' para encargarnos de ella. Como cuando eran infantes y terminaban de comer un dulce o fruta y uno tenía que ir detrás de ellos limpiando y recogiendo las cáscaras o semillas.

En psicoanálisis se le llaman mecanismos de transferencia a aquellos mediante los cuales 'trasladamos' un determinado cúmulo de sentimientos y emociones no elaboradas a quienes tenemos cerca para deshacernos de ellos. Desde luego, este tipo de conductas y comportamientos son esencialmente inconscientes. Pero no por ello su impacto en los padres o madres es menor.

Ciertamente es doloroso escuchar a nuestros hijos contarnos sobre sus problemas, dudas, miedos y ansiedades. Pero mucho más frustrante es la sensación de no poder hacer nada para ayudarlos. No importa qué les digas, qué consejos les des, cuánto interés muestres: al final siempre será tu culpa por causar el problema de una forma u otra o sencillamente por no darles soluciones que se les hagan atractivas.

La energía, el ímpetu y la fuerza de la adolescencia mezclada con gestos ingratos, apáticos y hasta desconsiderados ciertamente terminan por dejar exhaustos a madres y padres. Es normal sentirse derrotado en algún punto. Pero no debes claudicar. Los malos comportamientos y conductas perniciosas deben ser atendidos como corresponde. Siempre.

Pero en lo que compete a la factura emocional, tal vez lo mejor sea siempre recordarnos que es una fase, que pronto pasará. Compartir estos sentimientos con tu pareja, con algún familiar o con amigos ciertamente te puede ayudar a poner las cosas en perspectiva y a dejar de sentirte culpable o responsable directo de la volatilidad anímica de tu hija o hijo adolescente.

El drama en la adolescencia es inevitable. Pero no tienes por qué vivir una segunda adolescencia. Crezcan juntos y aprendan a preservar un vínculo íntimo que resista al crecimiento emocional y sus vaivenes.