¿Qué beneficios tiene el cuidado responsivo para el futuro de tus hijos?

  • hace 4 semanas

Los primeros cinco años de vida son claves para el desarrollo integral de los niños. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la etapa en la que se desarrolla hasta el 85% del cerebro y con él las bases para desarrollar diferentes habilidades físicas, sociales, cognitivas y emocionales. La OMS también indica que la relación de cuidado entre cuidadores y sus hijos influye considerablemente en este proceso de desarrollo, siendo el cuidado responsivo la mejor manera de contribuir con los pequeños.

Para conversar sobre el cuidado responsivo y sus beneficios en la crianza de los niños, conversamos con Sara Sarfaty, Coordinadora de Desarrollo Infantil Temprano en Volar, y Arán Martínez, Analista en Desarrollo Infantil Temprano, del laboratorio de innovación social Aporta.

¿Qué es el cuidado responsivo?

Responsive Caring es el término en inglés que la literatura en desarrollo infantil temprano le ha atribuido al tipo de relación sensible y reactiva que debe tener un cuidador con su hijo, para garantizar un óptimo desarrollo, desde sus primeros años de vida.

Producto de las barreras del lenguaje, la traducción a “responsivo” puede no ser suficiente. Lo importante es que entendamos que el cuidado que todo padre, madre o cuidador –de acuerdo con Center of the Developing Child (Universidad de Harvard)– debería tener con sus hijos e hijas para fomentar su desarrollo, cumpla con las siguientes características:

  • Sensible: Estar consciente de que los actos y vocalizaciones de un niño pequeño son señales comunicativas que indican sus necesidades y deseos. Desde que nacen, los bebes son capaces de comunicarse a través de balbuceos, expresiones faciales y gestos a los que debemos estar atentos. Por ejemplo, al momento de comer los niños señalan y miran los alimentos que colocas frente a ellos.
  • Reactivo: Ser capaces de responder apropiadamente a dichas señales. Como padres debemos responder con el mismo tipo de vocalización y gesticulación para así brindar oportunidades para el aprendizaje temprano, mediante interacciones que son emocionalmente propicias y receptivas. Por ejemplo, cuando tu hijo señale un alimento sobre su mesa, nómbralo: “Esta es una manzana. Es roja, redonda y dulce. ¿Te gusta?”.

A través de la sensibilidad y la reactividad podremos guiar a nuestros más pequeños en sus procesos de aprendizaje y conocimiento del mundo que les rodea. A esto se le denomina andamiaje, un concepto desarrollado por Vigotsky - psicólogo ruso y especialista en el aprendizaje de las niñas y niños- que concluye que el entorno y los estímulos que un bebé recibe son muy importantes para desarrollar su potencial. Por lo que esta relación de cuidado debe proveer en la rutina diaria un entorno estable y afectivo, capaz de asegurar la nutrición y salud adecuada, así como de protegerlos de los riesgos y generar el apego seguro.

¿Qué es el apego seguro?

Los bebés tienen la posibilidad de generar una conexión profunda con su cuidador principal durante sus primeros años de vida. A esto se le llama apego. Como padres, madres y cuidadores tenemos la responsabilidad de que este vínculo se convierta en apego seguro, es decir una conexión especial que fortalece la seguridad emocional, el control de las emociones y el desarrollo de la autonomía en los niños. 

¿Cómo se relaciona el cuidado responsivo con el apego seguro?

Estos dos conceptos se conectan a través del andamiaje. Nosotros debemos guiar y cuidar el desarrollo de nuestros hijos, y la mejor forma de hacerlo es asegurando que todos los momentos que pasamos con ellos estén llenos de interacciones de calidad. Bruner fue un psicólogo estadounidense que también concluyó que las habilidades cognitivas de los niños se aprenden a través de la interacción. Él menciona dos tipos de andamiaje:

  • Vertical, en el cual podemos extender el lenguaje de nuestro bebé extendiendo la conversación con ellos. Volvamos al ejemplo de la manzana, si tu bebé agarra la manzana y balbucea, tú respóndele “¡manzana!” “¡roja!” “¡redonda!”. Poco a poco, irá relacionando los nombres con el objeto.
  • Secuencial, en el que a través de las rutinas y el juego podemos motivar a nuestros hijos a desarrollar sus habilidades cognitivas y socioemocionales. Por ejemplo, cuando vamos a lavarles los dientes, podemos señalar su reflejo y decirle “¡Mira tu nariz! ¡Ahora mira la mía! La tuya es más pequeña ¿no?”.

Ambos procesos requieren de una conexión cercana y afectiva entre el cuidador y el niño. De esta relación nace el apego seguro. 

Cuidado responsivo

¿Cómo nos aseguramos de fomentar el apego seguro? ¿Qué conductas de cuidado promueven un apego seguro?

Según el Center of the Developing Child (Universidad de Harvard), la mejor forma de garantizar un cuidado sensible que construya un vínculo de apego seguro es aplicando la estrategia de “servir y devolver”. Esta estrategia es muy fácil de entender y aplicar comparándolo con un partido de vóley o tenis. En estos deportes, “servir” o “dar un servicio” hace referencia a colocar la pelota en el campo de juego esperando una respuesta. Los bebés están todo el tiempo comunicándose con balbuceos o con la mirada fija en un objeto. Eso representa un “servicio” y como cuidadores tenemos que prestar atención.

Al igual que en estos deportes, para que la acción continúe se debe “devolver” el balón. Es decir, los cuidadores tienen que ser capaces de regresar esta interacción hacia sus hijos de manera clara y afectiva. Mirarlos a los ojos y sonreírles es clave para que ellos entiendan que su comunicación ha sido recibida y atendida.

Para extender los beneficios de esta estrategia es importante que incorporemos conductas positivas en nuestras rutinas de cuidado, Vroom y Boston Basics recomiendan: 

  • ¡Nombrar y conversar! Algunos padres consideran que no deben hablarles aun a sus bebés porque “no entienden”, pero está científicamente comprobado que sí lo hacen. Relacionar los objetos que ellos señalan con palabras o nombrar las acciones que forman parte de su rutina diaria como la comida y el baño son beneficiosos para el desarrollo del lenguaje y sus habilidades de aprendizaje.
  • ¡Tomar turnos! Espera a que tu hijo te responda cuando le devuelves una interacción. Sé paciente y no le quites la oportunidad. En otro momento, tú podrás ser el que inicie la interacción. Recuerda que estos momentos pueden ser cortos o extensos, lo importante es aprovecharlos los más que podamos.
  • ¡Explora de diversas formas! Pueden cantar, leer un libro de imágenes, pueden agrupar objetos o contar una historia. Aprovechemos la rutina y lo que el momento y espacio nos provengan.
  • ¡Practica los inicios y finales! Cuando hayan terminado una actividad o cuando esté listo para iniciar otra, el pequeño te lo hará saber. Por ejemplo, si deja un objeto y su atención se dirige con la mirada a otro nuevo objeto, ¡sigámosle! 

¿Cómo el apego en la infancia influye en la etapa adulta? ¿Cuáles son sus consecuencias?

La teoría del apego desarrollado por Bowlby nos indica que existen dos tipos de apego: seguro o inseguro. Los niños van a desarrollar un vínculo con su cuidador principal necesariamente, pero la calidad de este vínculo es lo que determinará si es seguro o inseguro para su desarrollo.

Mientras que el apego seguro se basa en prestarle atención y responder oportunamente a lo que los niños comunican. El apego inseguro se puede presentar de distintas formas de acuerdo con el estilo de crianza y cuidado del cuidador. Por ejemplo: un cuidador que no es afectivo y que no responde al llanto de su hijo oportunamente generará niveles de ansiedad elevados en el cerebro de su pequeño. Esto generará estrés tóxico, el cual interrumpe el desarrollo del cerebro.

Por ello, los comportamientos adecuados y oportunos del cuidador moldean la maduración de las estructuras cerebrales responsables de la regulación afectiva, base de la salud mental en el futuro. Esto trae consecuencias directas en la forma en la que los niños se relacionarán con los demás, su habilidad para comunicarse y para manejar sus emociones frente a situaciones adversas; incluyendo altos niveles de negatividad, bajo control de sus impulsos y desórdenes en la personalidad, así como bajos niveles de entusiasmo, confianza y autoafirmación.

Asimismo, si un cuidador es ambivalente, es decir que puede responder afectivamente por momentos, pero cambiar a una actitud agresiva o negligente durante otros momentos, también provocará un apego inseguro. Por ejemplo, si tu hija está llorando mientras estás lavando la ropa y esperas a terminar de lavar para recién atenderla, esos minutos que la niña no tuvo una respuesta tiene un efecto en el desarrollo de su cerebro que puede ser irreversible. Incluso, puede ser más perjudicial para su desarrollo que el abuso físico.

A través del cuidado responsivo, puedes asegurarte de que el vínculo que estás generando con tus hijos corresponda a un apego seguro que beneficie su desarrollo integral. Para conocer más tips prácticos de cómo convertir los momentos de alimentación, de higiene y juego con tus hijos en interacciones de calidad; puedes ingresar a www.volar.org.pe en la sección aprendamos, donde tendrás acceso a distintos contenidos que te ayudarán a potenciar su desarrollo.

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